Balones fuera en el culebrón Invader

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Invader
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Justo hace un año los periódicos y medios malagueños se hacían eco de un divertido, ingenioso y misterioso hecho que ya había recorrido diversas ciudades del mundo, pero nunca Málaga. Y es que Invader, el célebre artista urbano, había comenzado a colocar sus famosos mosaicos en las calles de la capital de la Costa del Sol.

Hasta aquí todo bien, miles de personas iban buscando por el entramado urbano malagueño las paredes con el fin de encontrar una de las 29 obras instaladas por Invader. Pero no todo el mundo vio con buenos ojos esta invasión artística urbano-francés. Numerosas voces se alzaron en contra de estas piezas, llegando al punto en el que la justicia se interpuso en el caso.

Invader
Fuente: Space Invaders

Hasta aquí podemos llegar a comprender que la obra que se coloca en un bien protegido del ayuntamiento deba ser retirada o recolocada unos metros al lado, pero el caso está llegando a un punto en el que la situación se está yendo de madre.

Numerosas comunidades de vecinos están procediendo a la retirada de las obras emplazadas en sus fachadas, llegando al punto de guardarlas en bolsas de plásticos, según han declarado vecinos. ¿El motivo? La Gerencia Muncipal de Urbanismo obligaba a las comunidades a retirar en un plazo de 15 días las obras o las retirarían ellos mismos cargando una factura de 2700€ a las comunidades. Una acción que ha sorprendido hasta a la propia Junta de Andalucía.

Invader
Fuente: Space Invaders

Llegados hasta aquí, no puede ser más clarificador este acontecimiento sobre la situación del arte urbano en el entorno español donde todavía se perciben estas piezas como actos de vandalismo o elementos disruptivos en las majestuosas fachadas en las que estaban emplazadas (nótese la ironía).

Una vez más, volvemos a situarnos en un caso en el que la poca perspectiva y lo casposo de la administración se interpone en las nuevas tendencias creativas. En esta ocasión, en una ciudad que en el último año ha encontrado en el arte, y en concreto el arte urbano, su herramienta de marketing. Por ilógico que parezca con respecto a los últimos acontecimientos. Con este despropósito, se está negando que los movimientos que surgen en las calles tienen potencial cultural, y que a su vez pueden ser un reclamo y un hito en los logros de la ciudadanía. De esta manera, estamos ante la ciudad de los museos cuya administración persigue a los artistas. Esta vez le ha tocado a Invader.

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