Picasso también murió en Málaga, ¿qué hay más allá?

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Picasso
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Recientemente, el artista Eugenio Merino, que ya recreó la polémica figura de Francisco Franco dentro de una nevera, ha ideado junto al comisariado de Los Interventores, la presentación del cadáver de Pablo Ruiz Picasso en la capilla ardiente ubicada en la Alianza Francesa malagueña.

Todo forma parte de un discurso que camina entre lo irónico y lo solemne. Sin duda resulta inquietante entrar en una sala inmaculada donde tras un cortinaje negro se conserva, en muy buen estado y con su ropaje más reconocible, el artista español más prolífico y famoso de la historia, Picasso. Y es que, a pesar de que los restos mortales del artista residen en el Castillo de Vauvenargues, la idea de que también ha muerto en Málaga es una pregunta que nos hace pararnos a pensar qué hay más allá de la simple rareza de poner el cadáver falso en una capilla ardiente.

Aquí también murió Picasso
Fuente: Klein Magazine

Y es que Picasso, como artista y personaje histórico relevante para el desarrollo de la sociedad (me aventuraría a decir incluso mundial), ha perdido su significado en la ciudad que lo vio nacer. La banalización de la figura de Picasso como atractivo turístico del «postureo» es una realidad a día de hoy. No hay más que recordar la gran campaña que se inició desde el consistorio local para conseguir la capital cultural europea en 2016, usando la grafía de la escritura del autor y el nombre de Picasso hasta para nombrar a cada una de las palomas de la Plaza de la Merced.

Y es que la marca Picasso, en una ciudad tan vinculada a él, ha quedado relegada a ser una marca vacía de contenido. En la «ciudad de museos», como anuncia el eslogan promocional de la ciudad, la importancia del nombre del artista se ha vuelto difusa y poco cercana. Incluso con las exposiciones y actividades realizadas tanto en la Casa Natal de Picasso como el Museo Picasso Málaga para profundizar en la figura del artista. ¿Pero entonces, a quién llega todo lo relevante a Picasso? En su mayoría a visitantes extranjeros, olvidando así lo realmente importante: promover un acercamiento  local a la obra picassiana.

Por éste cúmulo de situaciones, podemos decir que efectivamente Picasso como artista en Málaga también murió, porque pasó de ser artista, a ser marca. De ser marca, a ser reclamo. Y de ser reclamo, a ser parte de un cúmulo de propuestas inconexas.

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