Pieles, el largometraje kitsch de Eduardo Casanova

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Pieles
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Pocas veces ocurre que una película causa tanta expectación tratando un tema tan poco mediático como el argumento de Pieles, el primer largometraje de Eduardo Casanova, hasta ahora conocido por su faceta interpretativa y por pequeños cortometrajes que ya iban adelantando este salto a los largos.

En este caso, Pieles, que se presentó en el Festival de Cine de Málaga, narra de forma coral la historia de varios personajes que son rechazados por la sociedad debido a sus cualidades físicas, deformaciones o malformaciones, o algunos por cuestiones psicológicas al rechazar miembros de su cuerpo de forma patológica.

Quizás lo más llamativo de la película no es en sí este discurso necesario, como ocurrió con Por Trece Razones a través de una tratamiento del tema diferente. En este caso, toda la estética de la película queda bañada por un color rosa, algo que quien conoce a Eduardo Casanova no le extraña, ya que su casa es también completamente rosa como pudo enseñar a Carmina Barrios o Alaska y Mario en su reality. Pero como bien dice el director novel, «la estética sin mensaje es una basura«.

Pero centrémonos en la película, como ya hemos dicho con anterioridad, cuenta y enlaza varias historias, que de manera coral, van desarrollando sus peculiares y particulares historias personales, la mayoría interpretados por rostros muy conocidos para los telespectadores, como son Ana Polvorosa, Macarena Gómez, Candela Peña, Secún de la Rosa, Jon Kortajarena, Carmen Machi, entre otros.

Sobre todo en la trama argumental hay personajes con mayor peso que otros, y en éste sentido los personajes masculinos tienen algo menos de protagonismo comparados con los personajes de Ana Polvorosa, Macarena Gómez o Candela Peña, pero es comprensible debido a la gran cantidad de historias que se cuentan en unos 80 minutos.

Reparto Pieles
Fuente: El Mundo

El argumento, a pesar de contar con una estética cuidadísima, es el gran protagonista. Un conjunto de casos extremos que nos hacen cuestionarnos cómo funciona una sociedad llena de prejuicios, que excluye a los que se salen de los cánones o son diferentes a lo que se entiende por «normal«, que al fin y al cabo, solo buscan hacer una vida normal, amar y ser felices. Quizás la película sin esa estética no habría causado tal revuelo, pero en el cine todo cuenta y sin duda la combinación de ese rosa que decora interiores muy oscuros y  éstas historias tan crudas y radicales es totalmente un acierto.

Lo que está claro es que hay ganas de ver cómo avanza la capacidad creativa de Eduardo Casanova tras Pieles. Sin duda es uno de los directores noveles más interesantes del panorama actual, como así lo demuestra el buen recorrido que está teniendo en cartelera.

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